cinthya.sanchez@eluniversal.com.mx
“Muy balato pala ti ”, dicen los chinos en el Silk Street, un
edificio de cinco pisos, parecido a la plaza Meave, cuando intentan
vender Ipods, tenis Adidas, trajes Ermenegildo Zegna y miles de
productos más... todos copia de los originales.
Sí, ayer me quejaba de que nadie me entendía ¡pero es que no querían venderme nada!
No sólo hablan español, sino que estos comerciantes son buenos para
distinguir las facciones de sus compradores. Saben cuando soltar una
frase en castellano, inglés, ruso, alemán, francés o japonés. Tienen la
capacidad de saludar hasta en 10 idiomas distintos. Sí, su español es
reducido, pero suficiente. Negocian los precios con los extranjeros con
ayuda de una calculadora.
Con tal de vender, te llaman “guapa” o “guapo”, te montan la gabardina
y te dicen “Muy bonito, muy guapo”. Sacan el espejo, lo ponen frente a
ti y de tanto halago te convencen de que hasta te ves delgada.
Tienen sus técnicas para no dejar que el cliente se vaya sin comprar.
La más agresiva es quitarte lo que traes en la mano y no te lo regresan
hasta que les compras. Claro, si no caes terminan regresándotelo, pero
la presión es intensa.
El regateo comienza con un precio irreal. Por ejemplo, la puja por una
una bolsa clon de Louis Vuitton puede comenzar en 2 mil yuanes, unos 3
mil pesos. Pero al final y luego bajar la oferta 10 veces, se pagan
unos 200 pesos.
Para vender dicen frases como “finito o último” y las repiten hasta que
convencen al comprador. Si quieres que tu precio sea el último, la
técnica es hacer como que te vas sin comprar, aunque se corre el riesgo
de que el vendedor, literalmente se te pesque del cuello o te jalonee
para no dejarte ir.
Y viéndolo bien, no es nada distinto a lo que pudiera ocurrir con algún
puestero de cualquier parte del mundo, pues estos chinos no representan
a la ciudadanía pekinesa, pero sí a muchos de sus comerciantes. Todos
quieren que les compres. Y si en La Lagunilla te dicen guerita aunque
seas morena, ¿por qué no? en Silk Street te dicen guapa, aunque sea
mentira.
“Hola”. “ balato ”, “bonito”, “guapa” y “último” son las cinco palabras
que mejor saben decir en español, pero con esas hacen que los
hispanohablantes que visitan el Silk Market salgan felices y con una
maleta pirata llena de cosas piratas, por las que no se pagaron más de
2 mil pesos.
Pueden ir dentro bolsas, carteras, gabardinas, chamarras de piel, ropa
interior, seda, juguetes, perlas, tecnología, botellas de alcohol,
maquillaje, cremas corporales, joyería de fantasía, tenis, zapatos,
cinturones y ropa deportiva.
La visita es divertida y aunque parezca lo contrario, son graciosos
cuando se te cuelgan del brazo con tal de no dejarte escapar.
Pero eso sí, no les gusta nada que no les compres, son capaces de
maldecirte en chino, golpearte con la calculadora o hacer señas de
muerte. Sí, me ocurrió a mí: una vendedora china se pasó la mano por el
cuello mirándome feo, como diciéndo: “¡Ah! ¿No compras? ¡Pues
muérete!”. Aunque la verdad te da más risa que miedo.
El nombre del Silk Street viene escrito en chino atrás de las tarjetas
de los hoteles, por lo que es un sitio turístico y lo mismo compran
franceses que estadounidenses o latinoamericanos. Lo de mayor demanda
son las bolsas, pues los chinos hacen “los mejores clones”, al menos
eso dicen las mujeres que las compran.
La ropa, por ejemplo, de Calvin Klein o Max Mara, es de buena calidad,
pero en cuanto a aparatos tecnológicos no es igual. Los pseudo Ipods,
por ejemplo, pesan por lo menos trescientos gramos más que uno original
y es evidente que son piratas.
Pocas cosas cuestan más de 150 pesos, es posible comprar por esa cantidad casi cualquier artículo, pero bajo tu riesgo.
Fuera de Silk Market, hay productos de muy buena calidad, originales e
irrepetibles como en los mercados de seda donde no hablan español, pero
sí inglés y pueden venderte la pijama más suave o las sábanas más ricas
al tacto.
Pero el Silk Market es uno de los pocos lugares en todo Beijing donde
es posible escuchar español y por unas horas te hacen sentir más cerca
de casa con su “¡Guapa! y “ Balato pala ti”.