cinthya.sanchez@eluniversal.com.mx
Pudiendo comprar una maleta de buena calidad, original y de
buen precio, fui a meter la pata a lo pirata y lo pagué caro.
Se trataba de una maleta rígida, de esas que los maleteros en los
aviones pueden aventar, golpear con otras maletas y no les pasa nada.
Los chinos me dijeron que era irrompible y por 150 pesos les compré un
maletón de un metro de alto, con rueditas, gris y hasta con candado de
seguridad, de esos donde configuras tu propia combinación para que
nadie más la abra.
La sorpresa fue cuando metí mis cosas, la cerré, claro, no sin antes
ponerle un 666 de código para asegurarme que sólo yo tendría acceso, y
sí, funcionó, porque después ni yo la pude abrir.
Así que tuve que regresar a Silk Street a que me la cambiaran, pero
¡qué inocente! en China, en México y en el mundo, lo pirata no acepta
devoluciones.
Es como cuando compras una película pirata de Hulk, el hombre verde en
Eje Central y cuando la pones en el DVD, resulta que es un capítulo de
la vieja serie ochentera y no la del director Louis Leterrier que está
por estrenarse este año. Ni modo.
Claro que lo de mi maleta es sólo un pago por querer comprar barato.
Pero seguramente lo mismo me hubiera pasado si la compró en Tepito. Y
en Beijing vaya que hay opciones para comprar algo bueno. En Wan Fu
Jin, una avenida parecida a Campos Elíseos de Polanco o en el WTC de
Beijing venden marcas de muy buena calidad, famosas mundialmente, eso
sí, nada por 150 pesos mexicanos.
Y lo curioso es que ahí no están los turistas, sino los propios chinos
con poder adquisitivo, que aprecian mucho el valor de las marcas
reconocidas.